En los quince años que llevo escribiendo en este blog nunca había escrito tan poco.
Dice el "archivo del blog" que esta es la 44ª vez que lo hago en 2019. Es la segunda vez que bajo de las cien entradas anuales -en 2015 escribí 70 veces-.
Y el caso es que tengo fotos bastante buenas (como la ilustra esta entrada, echa por mi mismo en la casa museo de Dostoievski en Moscú al esquema -creo- de una de sus geniales novelas).
¿Por qué?
Ni idea.
¿Ha llegado la hora de cerrar el blog?
Ni idea.
Total, que a ver si vengo más. Mientras, tengan ustedes un feliz año nuevo.
El 30 de agosto de 2005, no sé bien por qué, comencé este blog. Creo que escribo para que me lean, pero no tengo claro ni eso. Pasen y lean. También pongo fotos.
martes, 31 de diciembre de 2019
viernes, 13 de diciembre de 2019
La nieve y la religión
Nada tengo contra los conejitos blancos, ni contra la nieve y los osos polares.
Todo lo contrario.
Me despiertan una intensa religiosidad navideña los blancos paisajes nevados, sobre todo si están poblados de animalitos blancos; pero reconozco que no se trata de un movimiento espontáneo, sino que es fruto del esfuerzo continuado.
Ale.
A otra cosa.
Todo lo contrario.
Me despiertan una intensa religiosidad navideña los blancos paisajes nevados, sobre todo si están poblados de animalitos blancos; pero reconozco que no se trata de un movimiento espontáneo, sino que es fruto del esfuerzo continuado.
Ale.
A otra cosa.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Para el apocalipsis
Ando muy liado.
No sé si me quedan seguidores, pero si existiesen se merecerían una explicación.
En ese caso, se la daré.
Total, que estoy con la carta de los Reyes y he encontrado por 19,95 más 3,90 de gastos de envío un KIT DE SUPERVIVENCIA PARA EL APOCALIPSIS y me he interesado.
El kit va en una lata que cabe en el bolsillo e incluye "seis elementos con los que podrás: orientarte usando la brújula; encender un fuego, gracias a un pedernal; cortar madera, metales blandos, plástico, hueso... con la sierra de cable; dar la alarma con el silbato metálico; alumbrarte con la linterna y resolver un montón de situaciones con la tarjeta multiherramienta."
O sea: que se supone que en medio del fin del mundo hay que orientarse, encender fuego, cortar cosas, dar la alarma, alumbrarte o hacer arreglos.
Tengo que seguir buscando.
sábado, 2 de noviembre de 2019
Difuntos
Sigo desorientado.
Vacío mis bolsillos fotográficos y no termino de entender por qué tenía guardadas estas fotos para el blog.
A ver, algo sí que sé de cada foto. La primera —de naranjas y farolas— creo que la hice en un pueblo de Cádiz al que fui a un entierro; la segunda la hice en Celje (Eslovenia), pero no recuerdo si porque es el primer retrato hecho por una mujer o a una mujer o... yo qué sé; la tercera ni idea... ¿Venecia?; la cuarta es una capilla del Santísimo, tal vez de Las Angustias en Granada; y la última es un drago que plantó don Javier Echevarría en Gran Canaria.
En fin, he estado hoy en el cementerio: a rezar por y con mis difuntos.
jueves, 24 de octubre de 2019
Minas de oro
En la foto de arriba va una maqueta de cómo eran las minas de Rodalquilar.
En la de abajo, el aspecto que tiene ahora ese mismo sitio.
Hay que ver lo diferente que puede ser un lugar a pleno rendimiento y tras unas décadas de abandono.
Y el caso es que eran unas minas de oro.
lunes, 21 de octubre de 2019
cajón desastre
Hoy he leído el caso de una persona que no encontraba algo y, tras mucho buscar lo encontró, "además, en el cajón desastre". O sea: un desastroso cajón enormemente confuso y desordenado, en el que era casi imposible encontrar nada.
Pues no.
Ese ‘conjunto de cosas diversas y desordenadas’ no es un cajón desastre, sino un cajón de sastre, con hilos, tijeras, alfileres, botones y toda clases de cosas diversas.
En el cajón desastre de mis fotos estaban estas seis: de Olula del Río a Santiago de Compostela pasando por Polzela y Sanchinarro (¿o San Chinarro? ¿eh?).
sábado, 19 de octubre de 2019
Romontar
Llevo casi un mes sin venir por aquí.
Pongo tres fotos de un edificio que vi en Rusia.
Así anda este blog.
La temporada de setas, las primeras paellas del curso, el trabajo... Vale, quedamos en que el blog se hacía a sorbos y que no era necesario jubilarse para bloguear; pero estoy atascadillo. A ver si remontamos.
sábado, 21 de septiembre de 2019
Mi primer boletus edulis de 2019
Ayer hicimos la primera escapada de viernes por la tarde de la temporada y nos topamos con unas cestas.
martes, 3 de septiembre de 2019
Sobre Moscú
Durante el mes de agosto, he puesto un montón de fotos en Instagram de Moscú y sus alrededores. No voy a repetirme.
Rusia es un grandísimo país y los rusos una gente estupenda. Sería un poco paleto hacer valoraciones de su historia tras pasar tres semanas en Moscú. Rusia tiene una tradición en la que emergen una literatura monumental, una música también enorme, y muchas más genialidades que las que puedan calcular los conocedores solamente del vodka, el caviar o la ensalada Olivier (que no es poco).
Es ridículo reducirlo toda a la revolución bolchevique y sus consecuencias, o al sorprendente hecho de que la hoz y el martillo sigan siendo el anagrama de AEROFLOT en pleno siglo XXI. Peeeeeero, hay que decir a los visitantes españoles unas pocas cositas:
1. En Rusia no hay persianas.
2. En Rusia no venden agua de colonia. Desconozco el motivo, pero no se vende. Ni para niños, ni para adultos.
3. Toman mucha sopa. En los restaurantes callejeros de menú, el primero casi siempre es sopa.
4. En la temporada adecuada (agosto) es frecuente que los vecinos se regalen manzanas de su huerto o de su dacha o de donde sea. Algunas están ricas, otra no; pero las regalan igualmente.
5. No usan el piso 0 o planta baja. El sótano es la planta -1. La planta baja es la 1. La planta 1 es la 2. Y así sucesivamente.
6. En el Metro (que es excelente y circula a toda pastilla) hay un puesto de vigilante de las escaleras mecánicas.
7. En Moscú hay pocas motos.
8. Tienen pocos pasos de cebra y son muy rigurosos en lo tocante a que el peatón cruce la calle por donde le venga en gana: o sea, no está bien visto y puede ser peligroso para un madrileño acostumbrado a considerar lo de la cebra algo simplemente orientativo. Cierto que, a cambio, tienen una gran riqueza de pasos subterráneos con abundante comercio.
Esto es todo por hoy.
Rusia es un grandísimo país y los rusos una gente estupenda. Sería un poco paleto hacer valoraciones de su historia tras pasar tres semanas en Moscú. Rusia tiene una tradición en la que emergen una literatura monumental, una música también enorme, y muchas más genialidades que las que puedan calcular los conocedores solamente del vodka, el caviar o la ensalada Olivier (que no es poco).
Es ridículo reducirlo toda a la revolución bolchevique y sus consecuencias, o al sorprendente hecho de que la hoz y el martillo sigan siendo el anagrama de AEROFLOT en pleno siglo XXI. Peeeeeero, hay que decir a los visitantes españoles unas pocas cositas:
1. En Rusia no hay persianas.
2. En Rusia no venden agua de colonia. Desconozco el motivo, pero no se vende. Ni para niños, ni para adultos.
3. Toman mucha sopa. En los restaurantes callejeros de menú, el primero casi siempre es sopa.
4. En la temporada adecuada (agosto) es frecuente que los vecinos se regalen manzanas de su huerto o de su dacha o de donde sea. Algunas están ricas, otra no; pero las regalan igualmente.
5. No usan el piso 0 o planta baja. El sótano es la planta -1. La planta baja es la 1. La planta 1 es la 2. Y así sucesivamente.
6. En el Metro (que es excelente y circula a toda pastilla) hay un puesto de vigilante de las escaleras mecánicas.
7. En Moscú hay pocas motos.
8. Tienen pocos pasos de cebra y son muy rigurosos en lo tocante a que el peatón cruce la calle por donde le venga en gana: o sea, no está bien visto y puede ser peligroso para un madrileño acostumbrado a considerar lo de la cebra algo simplemente orientativo. Cierto que, a cambio, tienen una gran riqueza de pasos subterráneos con abundante comercio.
Esto es todo por hoy.
lunes, 2 de septiembre de 2019
Ya estamos
Estoy en pleno síndrome postvacacional.
Llegué de Moscú el 26 y no he parado.
Pero ya estamos.
A ver si mantengo el ritmo.
Llegué de Moscú el 26 y no he parado.
Pero ya estamos.
A ver si mantengo el ritmo.
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