
Durante el desayuno, me ha abandonado un viejo empaste que tenía yo en una de esas grandes muelas que fascinan a los dentistas para utilizar sus malvadas brocas. La verdad, lo echo de menos; pero se ha ido, y no sé cómo llenar el hueco, por lo que he pedido hora al dentista, antes de que llegue el dolor y lo invada todo. Una vez más la foto no viene a cuento, la hice en Riaza.
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