martes, 3 de octubre de 2006

yo mismo


El de la foto soy yo en persona, ante un espejo que sirvió para conductores y ahora reposa tumbadito en unos jardines: vida efímera la de las señales de tráfico, la de los espejos de tráfico y la del mobiliario urbano.
Hoy tengo una historia magnífica de mi calendario-taco del Sagrado Corazón: es del típico tonto del pueblo y estaba muy bien contada pero no encuentro el papelito por lo que, aun a riesgo de cargármela, la cuento con mis palabras. El tonto del pueblo era mirado con compasión por todo el pueblo, pero para hacerle broma y reírse de él, todos los días, en el bar donde se reunían los listos del pueblo, le daban a elegir entre un billete de 20 euros y una moneda de dos. El tonto, elegía invariablemente la moneda, ya que aunque valía diez veces menos, era brillante y lustrosa. Los listos se reían de él un día y otro. Un buen día, uno de ellos decidió aconsejar al tonto que escogiera el billete, que valía mucho más. Ante tan valioso consejo, el tonto le explicó que si cogía el billete se acabó su propina diaria, y él prefería la estabilidad.
Caramba con el tonto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la foto del espejo no es buena ni mala, sino mentira ... tu eres bastante mas "gordito" de lo que sales en esa foto. Guarda ese espejo, que yo tambien me quiero hacer algunas fotos.
Miguel.

Enrique Muñiz dijo...

Es lo que tienen los espejos curvos, digo yo.
Lo que no estoy seguro es de que además, te hagan más alto.