sábado, 5 de noviembre de 2005

Un sábado cualquiera


Tengo varios comentarios que contestar. Incluso un e-mail. Pido disculpas por no decir hoy ni pío. A ver si mañana.
La cuestión es que he amanecido con un ojo más bien rojizo. Un amigo dice que cuando cumples cuarenta cada mañana te duele algo diferente: sin duda exagera, pero no mucho. He dedicado más tiempo del que me hubiera gustado a encontrar un colirio con corticoides y sustancias vasoconstrictoras; que suena a tipo de serpierte, pero luego resulta que nisiquiera es caro. Estoy mejor. Luego he ido a comer pipas en la banda de un partido de Liga Municipal de LA CELESTE, el equipo del Club Altamira, del que soy redactor y "supporter": sufrido empate a uno, hay que pelear para convertir las ocasiones. Luego he ordenado fotos (la que pongo es de una excursión otoñal de hace unos días). Incluso luego, me las he visto y me las he deseado con el GPS de un coche para llegar a la nueva casa de Eduardo (o el GPS del coche es malo malo, o se ha vuelto loco con las eses de las obras de la M-30 Sur, o simplemente Aluche no se pilla bien desde los satélites), un supernumerario de mi Centro: hoy era la bendición de su casa y no podía yo faltar: he llegado por los pelos de vuelta al Centro para la Bendición y la Salve de los sábados.
Conste que no he contado todo todo lo que he hecho, supongo que habrá numerarios que hayan tenido un día más tranquilo; pero estoy rendido. Mañana más.

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